Super Bowl, el gran evento para ver cómo deporte y música impulsan la cultura




 Cuando ambos se juntan, el evento deja de ser solo deportivo y se vuelve
un momento icónico de la cultura pop.
 50% de consumidores globales dicen que performances como el show del
medio tiempo, son razón clave para ver deportes.
 3 de cada 4 personas aprecian que los eventos deportivos incorporen
elementos de música en vivo.

Un estudio realizado por Live Nation, promotora global de la que OCESA forma
parte, reveló que el Super Bowl es de los pocos eventos donde todavía se
concentra una audiencia enorme en el mismo momento, y cuando llega el medio
tiempo, la audiencia “cambia” y se expande: se quedan quienes no siguen el
futbol americano y se suman quienes normalmente no verían un juego completo.
Por unos minutos, la transmisión se vuelve una experiencia cultural compartida y
ese cambio no es efecto colateral; es el objetivo.
En este sentido, 50% de consumidores globales dicen que las presentaciones
como el show del medio tiempo son razón clave para ver deportes, y 3 de cada 4
aprecian que los eventos deportivos incorporen elementos de música en vivo.
En términos de asistencia de personas, el segmento de la música en vivo equivale
a 5 Super Bowls por día a lo largo de todo el año.
El fenómeno mediante el cual dos fuerzas paralelas viajan de diferente manera se
explica de la siguiente manera:
 Deporte = estructura (temporadas, calendario, rivalidades, equipos, citas
específicas).

 Música = fluidez (cruza fronteras más fácilmente y conecta sin exigir
lealtades previas).
Cuando se encuentran, el público no se estrecha; se amplía. De ahí que el show
del medio tiempo se haya vuelto lo más visto: por un momento, el juego pasa a
segundo plano y queda la experiencia compartida “más allá del estadio”.
Esto se explica debido a que el show funciona porque elimina fricción. No
necesitas saber reglas, seguir la liga o preocuparte por quién gana. La música
permite participar sin requisitos previos. Por eso estos momentos se vuelven
globales: no dependen de rivalidad, sino de familiaridad, emoción y presencia
compartida.
En este sentido, lo extraordinario es la visibilidad del show de medio tiempo, no el
comportamiento: la gente ya organiza su vida alrededor de la música en vivo
(viajes por tours, fines de semana alrededor de shows, reuniones
intergeneracionales sin “elegir bando”). La música no necesita campeonato ni
ganador. Cuando aparece dentro de un gran momento deportivo, no “crea”
interés de la nada; refleja una pasión masiva que ya existe.
Es así como un show que parece único por su alcance revela hábitos cotidianos:
hacer tiempo para música en vivo, viajar por ella y volver una y otra vez. El Super
Bowl concentra ese comportamiento en una noche; el Entretenimiento en Vivo lo
sostiene todo el año. Eso es lo que pasa cuando deporte y música comparten
escenario.

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