Chihuahua, Chih.- Cada mañana, cuando el sol apenas
comienza a teñir de naranja los edificios de Chihuahua Capital, Alex
Carmona, apodado “El Loco”, ya está en pie. Porta con orgullo el
uniforme del Gobierno Municipal, se ajusta la gorra y, con una actitud
de servicio que ya quisieran muchos burócratas de oficina, prepara su
cuadrilla para la misión diaria: rescatar la belleza de nuestras calles.
Para
Alex, su labor no es simplemente recoger basura o retirar hojas secas,
es un acto de cuidado hacia el espacio donde las familias pasean, los
corredores entrenan y los trabajadores circulan. Existe una satisfacción
silenciosa, casi poética, en observar una vialidad despejada al final
de la jornada. A pesar de los días calurosos que abrasan o los vientos
que deshacen en minutos el trabajo de horas, Alex no pierde el ánimo.
Para él, cada jornada es una nueva oportunidad de servir a los
chihuahuenses.
A Alex
siempre lo han distinguido dos cosas: su güiro y su buen humor. Mientras
muchos verían en la limpieza de camellones una carga pesada, él
encontró una frecuencia distinta. Un día, mientras cortaba maleza y el
sonido de la escoba rozaba el pavimento —shhh, shhh… tac, tac—, entendió
que ahí había música.
Así nació la "Cumbia de la Cuadrilla", una melodía que compuso en su cabeza mientras caminaba a casa:
"En
Chihuahua suena fuerte la escoba va siendo arte, Alex Carmona en la
calle con ritmo para levantarte... le dicen 'El Loco', sí señor, por
cómo baila el barredor, con el güiro y la escoba recorre calles con
sabor..."
Su canción no
busca las listas de popularidad, sino celebrar el orgullo de servir y la
convivencia entre compañeros. Es la prueba de que no importa el oficio,
siempre se puede ejercer con ritmo y dignidad.
Sin
embargo, el trabajo en las calles también tiene una cara sombría. La
ciudad guarda secretos que solo quienes la recorren a pie logran
descubrir. Entre las historias del "Loco", resalta una que cambió su
perspectiva para siempre.
Iniciando
su jornada en una importante vialidad, Alex notó algo extraño detrás de
unos arbustos. Al acercarse, pensando que se trataba de alguien
descansando, el aire se volvió pesado. Entre la maleza, yacía el cuerpo
inmóvil de una persona. El impacto fue tal que su compañero, sobrepasado
por la crudeza de la escena, se desmayó en el acto.
En
ese momento, Alex tuvo que dejar el miedo de lado para auxiliar a su
amigo y reportar el hallazgo. Ese día comprendió que los trabajadores de
limpieza son, en realidad, los testigos silenciosos de lo que ocurre en
la ciudad cuando todos los demás circulamos con normalidad. No solo
limpian calles; custodian la realidad, por más dura que esta sea.
Mañana,
antes de que el sol vuelva a salir, Alex Carmona estará ahí de nuevo.
Quizá lo escuches tararear o lo veas marcar el compás con su herramienta
de trabajo. Su historia nos recuerda que la verdadera nobleza no reside
en el cargo, sino en la alegría con la que se cumple el deber. Porque
mientras exista una vialidad por limpiar, habrá también una cumbia que
cantar y una ciudad que agradecer.

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