Durante más de un siglo, los plásticos convencionales
han sido parte esencial de la vida moderna. Desde envases y textiles,
hasta dispositivos médicos y componentes electrónicos. Su bajo costo,
ligereza y durabilidad los han convertido en materiales indispensables.
Sin embargo, estas mismas propiedades han generado uno de los mayores
problemas ambientales de nuestro tiempo: la acumulación persistente de
residuos plásticos en suelos, ríos y océanos.
El
Dr. David Chávez Flores, profesor investigador de la Facultad de
Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Chihuahua señaló que la
mayoría de los plásticos tradicionales se producen a partir de derivados
del petróleo y pueden tardar cientos de años en degradarse. Como
consecuencia, millones de toneladas de residuos se acumulan cada año,
afectando ecosistemas, fauna silvestre y, de manera indirecta, la salud
humana. Frente a este escenario, la ciencia ha desarrollado alternativas
más sostenibles, entre las cuales destacan los bioplásticos.
*¿Qué son los bioplásticos?*
El
término bioplástico no se refiere a un solo material, sino a una
familia de polímeros que comparten al menos una de las siguientes
características:
- Están
fabricados total o parcialmente a partir de recursos renovables (como
maíz, caña de azúcar, papa, celulosa o residuos agrícolas).
-
Son biodegradables bajo condiciones específicas, es decir, pueden ser
transformados por microorganismos en sustancias naturales como dióxido
de carbono, agua y biomasa.
Es
importante aclarar que no todos los bioplásticos son biodegradables y
que no todos los plásticos biodegradables provienen de fuentes
renovables. Por ello, hablar de bioplásticos requiere precisión
científica y una correcta comunicación al consumidor.
Entre
los ejemplos más conocidos se encuentran el ácido poliláctico (PLA),
obtenido a partir de azúcares fermentados, y los polihidroxialcanoatos
(PHA), producidos por ciertos microorganismos.
*¿Cómo ayudan al medio ambiente?*
Los bioplásticos pueden contribuir a la protección ambiental en varios niveles:
-
Reducción del uso de petróleo: Al emplear materias primas renovables,
disminuyen la dependencia de recursos fósiles no renovables.
-
Menor huella de carbono: Durante su producción, muchas materias primas
vegetales capturan CO₂ de la atmósfera, lo que puede compensar
parcialmente las emisiones asociadas al proceso industrial.
-
Potencial de biodegradación: Algunos bioplásticos pueden descomponerse
en condiciones controladas, reduciendo la persistencia de residuos en el
ambiente.
- Impulso a la
economía circular: Favorecen modelos de producción y consumo donde los
materiales pueden reintegrarse de manera más responsable a los ciclos
naturales.
El docente
universitario consideró que, aunque los bioplásticos representan un
avance importante, no son una solución mágica. Su correcta gestión es
fundamental: muchos requieren instalaciones de compostaje industrial
para degradarse adecuadamente y, si se desechan de forma inadecuada,
pueden comportarse de manera similar a los plásticos convencionales.
Además,
el uso de cultivos agrícolas para su producción debe planificarse de
forma responsable, evitando la competencia con la producción de
alimentos y la degradación de suelos.
*Una responsabilidad compartida*
Para
el investigador nivel 2 del SNII, la transición hacia materiales más
sostenibles no depende solo de la tecnología, sino también de nuestras
decisiones cotidianas. Reducir el consumo innecesario, reutilizar
productos y separar adecuadamente los residuos sigue siendo esencial,
incluso cuando utilizamos materiales “verdes”.
Los
bioplásticos representan una oportunidad para repensar nuestra relación
con los materiales que usamos a diario. Apostar por ellos, junto con
hábitos de consumo responsables, nos acerca a un futuro donde el
desarrollo tecnológico y el cuidado del planeta no sean objetivos
opuestos, sino complementarios. Porque proteger el medio ambiente no es
solo una tarea de científicos e industrias: es un compromiso de toda la
sociedad.

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