La presencia de grandes cantidades de chapulines en
distintas regiones del estado ha despertado la curiosidad de la
población. Ante este fenómeno, una especialista de la Facultad de
Ciencias Agrotecnológicas (FACIATEC) de la Universidad Autónoma de
Chihuahua (UACH) explica que su aparición está estrechamente relacionada
con las condiciones climáticas y que, además de su impacto en la
agricultura, cumplen una función fundamental dentro de los ecosistemas.
La
M.C. Nuvia Orduño Cruz, académica de FACIATEC, señaló que los
chapulines son insectos del orden Orthoptera que se alimentan de una
gran variedad de plantas. En Chihuahua destaca la especie Brachystola
magna, conocida comúnmente como “chapulín frijolero” o “gordinflón”,
caracterizada por su gran tamaño y su presencia frecuente en zonas
agrícolas y de pastizal.
De
acuerdo con la especialista, los periodos prolongados de sequía
seguidos por lluvias intensas favorecen la eclosión de los huevos
depositados en el suelo, al generar incrementos significativos en sus
poblaciones. La humedad y la abundancia de vegetación tierna
proporcionan las condiciones ideales para el desarrollo de las ninfas,
etapa juvenil del insecto.
Asimismo,
explicó que esta especie presenta un ciclo biológico particular, ya que
sus huevos pueden permanecer hasta dos años en el suelo antes de
eclosionar. Por ello, las poblaciones más numerosas suelen registrarse
en años alternados, dependiendo de las condiciones ambientales.
Aunque
comúnmente son vistos como una plaga agrícola debido a los daños que
pueden ocasionar en cultivos como maíz y frijol, los chapulines
desempeñan un papel importante en el equilibrio ecológico. Forman parte
de la dieta de aves, reptiles, mamíferos pequeños y otros insectos,
además de contribuir al reciclaje de nutrientes y a la regulación
natural de la vegetación en ecosistemas semiáridos.
La
investigadora destacó que la eliminación indiscriminada de estos
insectos mediante insecticidas puede tener efectos negativos sobre el
ambiente, ya que también afecta a organismos benéficos y altera la
biodiversidad. Por ello, recomendó privilegiar estrategias de manejo
integrado de plagas y monitoreo poblacional cuando se presenten brotes
que representen riesgos para la producción agrícola.
“La
presencia de chapulines no debe entenderse únicamente como un problema;
también es una señal de los procesos ecológicos que ocurren en nuestros
ecosistemas. Su manejo debe realizarse de manera responsable,
considerando tanto la protección de los cultivos como la conservación
del equilibrio ambiental”, señaló.

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