_Para desarrollar cultivos más productivos y resistentes._
De
acuerdo con el Dr. Edward Alexander Espinoza Sánchez, investigador de
la Facultad de Ciencias Químicas, la agricultura es una de las
actividades más importantes para la humanidad. De ella depende la
producción de alimentos y materias primas, así como una parte importante
de la economía de numerosas regiones del mundo; sin embargo, producir
alimentos no es una tarea sencilla.
Los
agricultores deben enfrentar sequías, plagas, enfermedades y la
degradación del suelo, todo ello mientras la demanda de alimentos
continúa aumentando. A este escenario se suma el cambio climático, que
está modificando las condiciones en las que se desarrolla la actividad
agrícola, ocasionando problemas productivos.
Entre
1980 y 2020, las pérdidas agrícolas asociadas a eventos climáticos
extremos representaron cerca del 30% de la producción, lo que refleja la
creciente vulnerabilidad del sector. Frente a estos desafíos, el
mejoramiento convencional de cultivos ha permitido desarrollar
variedades más productivas y resistentes. Sin embargo, la velocidad de
los cambios ambientales ha superado, en muchos casos, la capacidad de
respuesta de los métodos tradicionales, por lo que surge la necesidad de
estrategias complementarias.
La
biotecnología agrícola ha emergido como una de esas estrategias. A
través del conocimiento y la manipulación de los procesos biológicos de
las plantas, se han desarrollado variedades con tolerancia a la sequía,
la salinidad, el frío y otras condiciones extremas, lo que permite
mantener la productividad en entornos cada vez más limitados.
Por
lo anterior, la Facultad de Ciencias Químicas de la UACH desarrolla
investigaciones orientadas al estudio de biotecnologías aplicadas a la
agricultura. Entre ellas destacan el análisis de plantas tolerantes al
estrés ambiental y el uso de ARN interferente (ARNi) como estrategia
para el control de insectos plaga. El ARNi es un mecanismo natural
presente en diversos organismos que permite silenciar genes específicos.
Su
aplicación en la agricultura permite afectar únicamente a los
organismos objetivo, lo que representa una alternativa más precisa y de
menor impacto ambiental. No obstante, su implementación aún requiere
evaluaciones rigurosas para garantizar su eficacia y seguridad, pero
abre la posibilidad de desarrollar nuevas estrategias de control de
plagas más específicas y eficientes, contribuyendo a reducir las
pérdidas en la producción agrícola y a fortalecer la seguridad
alimentaria. Otro de los retos más importantes en la agricultura a nivel
global es el control de plagas. Se estima que existen alrededor de
70,000 especies de insectos consideradas plagas agrícolas, y aunque solo
una fracción causa daños severos, estas pueden generar pérdidas
superiores al 40% de la producción.
Para
reducir los daños, se ha recurrido durante décadas al uso de
plaguicidas, que, si bien han ayudado, también han derivado en problemas
ambientales y en aproximadamente 385 millones de casos de intoxicación
aguda al año. La biotecnología también ha intervenido en este problema
mediante el desarrollo de cultivos Bt.
Sin
embargo, la formación de resistencia en algunas especies ha demostrado
que ninguna estrategia es permanente por sí sola, lo que refuerza la
necesidad de seguir innovando. Estos avances reflejan que la
biotecnología no busca sustituir las prácticas agrícolas tradicionales,
sino complementarlas con nuevos enfoques. En un escenario en el que la
producción de alimentos debe enfrentar condiciones climáticas cada vez
más variables y una población en crecimiento, la investigación
científica adquiere un papel fundamental. “
La
biotecnología quizá no sea la solución definitiva a los problemas de la
agricultura, pero sí representa una herramienta valiosa dentro de un
conjunto de estrategias necesarias para fortalecer la producción de
alimentos en un contexto de mayor incertidumbre climática y productiva”,
explicó el investigador universitario.

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