La presencia de Felipe Calderón en Chihuahua es una ofensa a la memoria de las víctimas de la violencia: Cuauhtémoc Estrada
Ciudad Juárez, Chih.- Eran estudiantes del CBTIS 128, el
Colegio de Bachilleres 9 y la UACJ, que celebraban una fiesta de
cumpleaños. Investigaciones oficiales determinaron que el grupo criminal
La Línea ordenó el ataque, pero se trató de un error de información;
buscaban a miembros de un cártel rival en un domicilio equivocado; eso
fue la masacre de Villas de Salvárcar, ocurrida un 31 de enero de 2010.
El dolor y la indignación de sus familiares estallaron un mes después,
en febrero del 2010, cuando el entonces presidente Felipe Calderón,
durante una visita a Ciudad Juárez, fue confrontado duramente por Luz
María Dávila, una madre que perdió a sus dos hijos en la masacre. La
indignación estalló porque Calderón se refirió inicialmente a las
víctimas como "pandilleros", lo que provocó que la madre le exigiera
retractarse públicamente y le reclamara que investigara el caso como si
fueran sus propios hijos. Calderón terminó disculpándose, admitiendo que
los jóvenes eran estudiantes.
Ese
es Felipe Calderón, el Calderón de la guerra contra el narco, misma
guerra que dejó en el Estado de Chihuahua, 21 mil 128 homicidios, de los
cuales hasta el 58% fueron clasificados oficialmente como ejecuciones
vinculadas al crimen organizado, el Calderón que hizo que Chihuahua
fuera el epicentro de la violencia generada por su “estrategia de
seguridad’, el mismo que se presentó el pasado 30 de mayo en la capital
de Chihuahua en un evento político de respaldo a la gobernadora Maru
Campos, “en un acto de profunda incongruencia y una falta de respeto
para miles de familias chihuahuenses que padecieron los años más oscuros
de violencia durante su administración”, afirmó el coordinador del
Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso del Estado, diputado
Cuauhtémoc Estrada.
El
legislador señaló que resulta incomprensible que quien encabezó una
estrategia de seguridad que dejó una estela de muerte, desplazamiento y
dolor en todo el país, y particularmente en Chihuahua, pretenda
presentarse hoy como referente político y aliado de un proyecto de
gobierno estatal.
“¿A
qué viene Felipe Calderón a Chihuahua? Viene prácticamente a burlarse
de nosotros, como si los chihuahuenses no tuviéramos memoria, como si
hubiéramos olvidado lo que ocurrió durante su sexenio”, expresó Estrada.
Recordó
que Ciudad Juárez se convirtió entre 2008 y 2011 en símbolo
internacional de la violencia derivada de la llamada guerra contra el
narcotráfico, una estrategia que dejó miles de homicidios,
desapariciones, secuestros y extorsiones, mientras las familias
enfrentaban diariamente el miedo y la incertidumbre.
“Los
que vivimos en Juárez no necesitamos que nos cuenten esa historia.
Basta regresar a 2008 y recordar las calles vacías, las funerarias
saturadas, los jóvenes asesinados, las familias rotas y el clima de
terror que se apoderó de nuestra ciudad”, sostuvo.
Asimismo,
recordó que durante aquellos años miles de habitantes de la Sierra
Tarahumara fueron desplazados por la violencia, abandonando comunidades
enteras ante la incapacidad del Estado para garantizar condiciones
mínimas de seguridad.
El
coordinador parlamentario consideró que la presencia de Calderón en un
acto político promovido por el entorno de la gobernadora Maru Campos
evidencia una preocupante doble moral de quienes hoy pretenden
presentarse como una alternativa responsable, mientras abren sus puertas
a uno de los personajes más cuestionados de la vida pública nacional.
“Es
decisión de la gobernadora invitarlo o recibirlo, pero Felipe Calderón
no le aporta legitimidad ni prestigio a Chihuahua. Por el contrario, le
hace un flaco favor a la gobernadora porque revive uno de los capítulos
más dolorosos de nuestra historia reciente”, afirmó.
Estrada
agregó que los ciudadanos tienen memoria y que ningún evento político
puede borrar las consecuencias de una estrategia que convirtió a
Chihuahua en uno de los epicentros de la violencia nacional.
“Quienes
hoy se toman fotografías y celebran la presencia de Calderón deberían
explicarles a las víctimas por qué consideran que merece ser recibido
con honores políticos. La memoria de los miles de chihuahuenses que
perdieron la vida, que fueron desplazados o que sufrieron la violencia
de aquellos años merece respeto, no amnesia política”, concluyó.

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