Quienes gobernaron México durante años dejando una
estela de violencia, corrupción y pactos oscuros, hoy pretenden dar
lecciones de democracia.
La
reforma electoral que pretendían imponer desde el Congreso del Estado,
no combatía al crimen organizado; era una simulación legislativa
diseñada para fabricar narrativas y golpear políticamente a Morena. Por
el contrario, rechazaron la elección directa de los regidores, apostaron
por rescatar a los candidatos a presidentes municipales que no sean
elegidos.
Nosotros
siempre hemos sostenido algo muy claro: que cualquier persona que tenga
vínculos con la delincuencia debe enfrentar la ley, sin importar
partido, cargo o apellido.
Lo
que sí debería explicar el Partido Acción Nacional es por qué guardan
silencio ante la inseguridad que vive Chihuahua, el abandono de las
carreteras estatales, la crisis en el sistema de salud estatal, la falta
de pago a los trabajadores gubernamentales, la deficiencia del
transporte público y, sobre todo, los escándalos de corrupción que
rodean al gobierno de María Eugenia Campos Galván.
Si
su interés se centró en insistir sobre el gobernador de Sinaloa que
solicitó licencia para ser investigado, entonces qué intereses está
defendiendo, ¿Los nacionales o los de Estados Unidos?
No
aceptamos que quienes han sido incapaces de garantizar la paz en
Chihuahua, pretendan acusar sin pruebas a millones de mexicanas y
mexicanos que forman parte de nuestro movimiento.
Morena
no necesita campañas de miedo ni de difamación. Tenemos la fuerza de la
organización del pueblo, la confianza ciudadana y los resultados de la
Transformación. Pero sobre todo, defendemos la soberanía nacional sobre
todas las cosas sobre todos los intereses extranjeros en intervenir en
la vida política de México.
Por
más mentiras que repitan, el PAN sabe que Chihuahua está cambiando y
que el pueblo ya decidió que el futuro no está en el pasado que ellos
representan.

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