Nos vendieron un guion incompleto. Desde pequeños nos
dijeron: "Ve a la escuela, saca buenas notas, consigue un empleo seguro y
retírate". Sin embargo, Robert Kiyosaki nos enseñó una verdad incómoda
pero liberadora: la educación formal te permite ganarte la vida, pero la
autoeducación te puede hacer ganar una fortuna.
No
se trata de decir que la universidad no sirve. La educación académica
es vital para aprender habilidades técnicas y profesionales; es lo que
mantiene funcionando al mundo. Pero tiene un límite: está diseñada para
enseñarte a ser un empleado, a intercambiar tu tiempo por dinero y a
seguir instrucciones dentro de un sistema ya creado.
El
problema es que la riqueza real no se encuentra en un salario mensual,
sino en la libertad. Aquí es donde entra la autoeducación.
La
autoeducación es lo que decides aprender después de que nadie te obliga
a hacerlo. Es la curiosidad obsesiva por entender cómo funciona el
dinero, cómo liderar equipos, cómo vender y cómo invertir. Mientras la
educación formal te enseña a trabajar por dinero, la autoeducación te
enseña a hacer que el dinero trabaje para ti.
Diferencias clave para tu mentalidad:
En la escuela aprendes a evitar errores; en los negocios, aprendes cometiendo errores y corrigiendo el rumbo.
En la escuela te enseñan a trabajar solo; la riqueza se construye creando equipos y redes de contacto.
En
la escuela te dicen qué estudiar; en la autoeducación tú eliges los
temas que te apasionan y que tienen potencial de rentabilidad.
Si
quieres salir de la "Carrera de la Rata", debes convertirte en un
estudiante eterno. Lee los libros que tus profesores no leyeron, asiste a
seminarios, busca mentores que ya tengan los resultados que deseas y
nunca dejes de nutrir tu activo más valioso: tu cerebro.
Tu
título universitario puede abrirte una puerta, pero solo tu educación
financiera te permitirá comprar el edificio entero. Hoy es el mejor día
para empezar a aprender lo que el sistema no te enseñó.

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