Por: Víctor M. Quintana S.
Las nuevas bienaventuranzas van en tractor al encuentro del
Papa Francisco.
Muchas veces las y los barzonistas han recorrido a caballo o
en tractor los casi 200 kilómetros que separan al Ejido Benito Juárez de Ciudad
Juárez. Lo han hecho para protestar por las altas tarifas de energía eléctrica,
por la invasión de productos agrícolas extranjeros, para demandar justicia…
Pero esta vez no.
El domingo 14 El Barzón inicia en ese emblemático ejido del
norte de Chihuahua su “Peregrinación al
Encuentro del Papa Francisco para el Cuidado de la Casa Común”. Aclaran que
no se trata de una caravana, ni una marcha. Es eso: un peregrinar para
encontrarse con quien como nadie ha entendido el espíritu de sus luchas, les ha
mostrado horizontes que comparten y ha reflejado los valores de sus acciones y
de sus movimientos: Francisco, el primer papa latinoamericano.
Serán más de doscientos tractores provenientes de varios
rumbos de Chihuahua. Esta vez los tozudos vaqueros norteños no mostrarán el
músculo para enfrentar la posible represión de los cuerpos policíacos. Las
recias mujeres de por acá no portarán mantas de protesta. Al costado de sus
tractores colgarán las bienaventuranzas evangélicas interpretadas desde sus
rasposas realidades. No gritarán consignas contra el mal gobierno y los
funcionarios corruptos, pero sí corearán las frases de Francisco que documentan
su ver, su pensar y su actuar sobre la problemática que todos los días
enfrentan.
Se están preparando con tanta o más emoción como cuando van a
tomar los puentes internacionales. Porque detrás de la mayoría de esos
asoleados gorros vaqueros, arriba de las polvosas botas y más adentro de las
grandes hebillas de sus cinturones, laten corazones religiosos, no mochos, ni rezanderos.
Fe de mujeres y hombres sencillos, esenciales, que sienten que en su accionar
por la justicia, en sus movimientos por defender sus comunidades, sus semillas,
su agua, su tierra, están cumpliendo con el núcleo duro del Evangelio, sin
necesidad de disquisiciones teológicas. Campesinas y campesinos que poco a poco
han sido ganados por la palabra y la acción de un papa que les habla en su
idioma, que escribe encíclicas que hablan del derecho a la tierra, al techo, al
trabajo digno.
A lo largo del camino se van a detener tres veces para
compartir sus pensares y su sentires y a celebrar la fraternidad, en misas
presididas por otros tantos sacerdotes comprometidos con el pueblo. En Ciudad
Juárez les asignaron un lugar en la valla que se formará a lo largo del
recorrido del Papa Francisco. Esperan que se les respete, que los dejen
expresarle la bienvenida a su manera. Que la lógica de la Fe del Pueblo se
imponga sobre la logística del miedo del Estado Mayor Presidencial.
Y se las ingeniarán para hacerle llegar una Carta al Papa
Francisco. En ella le van a decir, muy
en el lenguaje de él mismo y de la iglesia popular latinoamericana, que
comparten su ver, que comparten su juzgar y que comparten su llamado a actuar
expresado sobre todo en la Encíclica Laudato
Si.
Van a manifestarle que comparten su diagnóstico de la doble
cara de la crisis global que vivimos: ambiental y social. El desastre
climático, la devastación de los recursos naturales, la concentración de los
alimentos en pocos y el hambre de los muchos, la exclusión de la tierra y del
trabajo que generan violencia contra las comunidades y las personas.
Le van a decir también que comparten su juicio sobre las
raíces estructurales de esas crisis: el paradigma tecnocrático-financiero, que
ha convertido todo en mercancía, en objeto de lucro: agua, bosques, suelos,
plantas, semillas, animales, personas humanas. La concentración de todos los
procesos de producción de alimentos en los oligopolios en detrimento de
millones de las unidades de la pequeña agricultura.
Y le van a reiterar que comparten y están dispuestos a seguir
el llamado a actuar que en diversas instancias ha hecho el Papa Bergoglio. Que,
como él, han escuchado el desesperado clamor de la tierra y de los pobres. Que
tienen toda la disposición a cumplir su papel en el cuidado de nuestra casa
común: producir alimentos saludables, accesibles y de acuerdo a la tradición de
los pueblos; ser amorosos cuidadores y protectores del agua, de los bosques, de
las plantas, de las semillas, de la tierra; generar trabajos dignos para sus
familias y sus comunidades; luchar incansablemente por la justicia y la
vigencia de todos los derechos para todas y para todos.
Las nuevas bienaventuranzas van en tractor al encuentro del
Papa Francisco.

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